Si soy celíaco, ¿como puedo hacer para que mis hijos no lo sean?

Autor: 

Catalina Vespa

La enfermedad celíaca (EC) es un desorden sistémico inmuno mediado desencadenado por el gluten alimentario en personas genéticamente susceptibles. Se caracteriza por una respuesta específica de auto anticuerpos séricos que produce daño variable de la mucosa del intestino delgado   y que lleva a diferentes presentaciones clínicas. Es el resultado de una interacción entre factores ambientales y genéticos. 

Factores Genéticos: La predisposición genética se relaciona a la presencia de genes HLA clase II; la mayoría de los pacientes son HLA-DQ2 positivos y en menor medida HLA-DQ8 positivos. Aproximadamente el 30 a 40% de la población es portadora de estos genes pero solo el 0,5 a 1% desarrolla la enfermedad. Por esto se dice que la presencia de genes los DQ2 o DQ8 es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de la enfermedad.

Factores Ambientales: El gluten es un complejo proteico formado principalmente por gliadina y glutenina encontrado en el trigo, cebada y centeno y es el factor ambiental responsable del daño intestinal.

Aunque la población general tiene un riesgo del 0,5 a 1% de padecer EC, los familiares de primer grado de un celíaco (padres, hermanos, hijos) tienen un probabilidad del 10% a 20% de desarrollar la enfermedad. De aquí la preocupación de los madres y padres que son celíacos y tienen hijos. Todos se preguntan "si yo soy celíaco, ¿mi hijo/a va a ser celíaco/a?" "¿Qué puedo hacer para prevenirlo?"

Hasta el día de hoy ninguna de esas preguntas tiene una respuesta clara. El hijo/a de padres celíacos puede ser celíaco o no, hay un 10% a 20% de probabilidades de que lo sea, lo que es mucho más que la población general, pero  no hay seguridad de que así sea ni forma de saberlo de ante mano. Tampoco hay una forma de prevenir la EC, si la persona trae los genes de EC y el ambiente se lo permite puede desarrollar la enfermedad, y no hay nada que pueda impedirlo. Sin embargo numerosos investigadores han tratado de buscar respuesta a estas preguntas.

Varios estudios retrospectivos, observacionales indicaban que si se introducía el gluten entre los 4 a 6 meses de vida junto con la lactancia materna disminuían las posibilidades de que el niño/a desarrollara la enfermedad. A fin de investigar la posible prevención primaria de la EC  un grupo de investigadores europeos llevaron a cabo un estudio multicéntrico entre 2007 y 2013  en el que participaron personas de distintos países europeos. La hipótesis de este estudio fue que la frecuencia de EC a los 3 años de edad podía reducirse exponiendo a niños genéticamente susceptibles a pequeñas cantidades de gluten entre las 16 y 24 semanas de vida preferentemente mientras recibían lactancia materna. Para ello invitaron a participar a padres celíacos que tuvieran hijos de 3 meses, se randomizó a los niños a recibir a partir de la semana 16 hasta la 24 200mg de gluten o un placebo preferentemente mientras recibían lactancia materna. Luego de la intervención se le indicó a los padres que continuaran con una alimentación complementaria normal, incorporando gluten en alimentos naturales en pequeñas cantidades. Se siguió a los niños hasta los 3 años de edad para determinar cuáles desarrollaban la enfermedad y cuáles no.  El estudio no mostró diferencias entre los grupos, es decir, el recibir gluten en pequeñas cantidades  entre las semanas 16 a 24 en presencia de lactancia materna no disminuyó el riesgo de desarrollar EC a 3 años en niños genéticamente susceptibles.

Por lo que como hasta el momento no hay formas de prevenir el desarrollo de EC, la sugerencia es tomar las recomendaciones que da la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica). Ellos recomiendan introducir el gluten en pequeñas cantidades entre los 4 y 7 meses de vida acompañado de lactancia materna, evitando tanto  la introducción temprana (antes de los 4 meses) como la introducción tardía (después de los 7 meses). Aunque el estudio anteriormente mencionado no da evidencia de que esta medida sea efectiva, se sabe que la lactancia materna exclusiva hasta el sexto mes de vida es la mejor alimentación para los niños, recomendación que debe respetarse para todos los niños.

La lactancia materna tiene numerosos beneficios: aporta todos los nutrientes que el niño necesita; la absorción de los nutrientes que aporta es la óptima; se digiere muy bien, no produce molestias digestivas al niño; tiene componentes inmunológicos que protegen al niño; en la madre ayuda a la recuperación post parto.